5 de julio de 2007

De compras

Para celebrar la creación del blog mi amigo Pin, aquí os dejo el primer proyecto conjunto que hicimos. Queríamos forrarnos a base de ganar concursos de monólogos y, a partir de ahí, saltar a la fama mundial y mearnos en la cara de los guionistas de Lost, colgarle el teléfono a Spielberg y limpiarnos el culo con billetes de 500 euros. Casi lo conseguimos, pero voluntariamente renunciamos a ello. ¿Por qué? Pues porqué sí. Y tema zanjado.

De compras

Vivir en pareja puede resultar un camino de rosas, puede ser un éxtasis de amor continuo… o sea, ¡una utopía! y quien diga que es su caso, miente. Vivir en pareja es jugarse la vida a cada minuto que pasa.

- ¿Pero dónde vas así, disfrazado?
Te miras con cara de extrañeza - ¿Qué pasa?
- No, no. Nada.
- ¿Voy mal?
- Hombre… Sabes que a mi me da igual como vayas… pero eso no.


El amor, una falacia creada por El Corte Inglés


Te lo dice a ti, que has estado dos largos minutos decidiendo qué ponerte. Tú, que estabas convencido de tu indumentaria y salías seguro de ti mismo, ahora eres un anormal, un Don Nadie peripatético. Entonces, un día, llega uno de los momentos más delicados de la vida en pareja: es cuando ella pronuncia tres palabras que, aunque pueden parecer inofensivas, acaban desencadenando conflictos sólo comparables a los narrados en la Matanza de Texas. Estas palabras son:

- ¿Vamos de compras?


Temblad, hombres del mundo.
Empecemos por la pregunta: Si realmente es una orden, ¿por qué pregunta? ¿A qué viene obligarnos a decir en voz alta: Sí, vamos de compras. Ya busca nuestra humillación y ni siquiera hemos salido de casa. Porque no basta con asentir con la cabeza, atemorizado, hay que jurarlo. Los más ignorantes diréis: Si es una pregunta, se puede responder de muchas maneras, incluso se puede decir no. Desengañaos todos: no cabe el no como respuesta. Sólo se acepta una respuesta afirmativa, clara, contundente, que pueda ser usada en tu contra en cualquier momento. Sí, esa respuesta se convierte automáticamente en un contrato verbal que te puede caer encima como una losa en cuanto empieces a mostrarte inquieto porque te sangran los pies tras siete horas de camino por las tiendas sin descanso. ¿Qué importancia tienen tus pies? Además, el contrato tiene una cláusula que implica la ausencia del dolor. Lo firmaste en el momento que os disteis el primer beso. Ella lo sabía. En cambio, tú pensabas en lo único. Pardillo, te enrollaste con la versión femenina de Don Vito Corleone.

Tu novia, antes de maquillarse

En cuanto sale de casa se convierte en una especie de mujer biónica capaz de arrasar con todo. Camina incansablemente, recuerda prendas, tallas y colores como un ordenador, dispone de crédito ilimitado y manda y ordena que ni Napoleón. Ir de compras ya no es ir de compras, es una misión a vida o muerte. Lleva semanas preparando el asalto, ha inspeccionado el terreno, ha preparado una estrategia que consiste básicamente en actuar como la bomba H. Tu misión es diáfana: o estás con ella o mueres carbonizado.

Se establece entonces una relación de sumisión en la que el hombre no tiene otro papel que el esclavo, heredero de toda una especie, la masculina, destinada a acatar. De ahí la imposibilidad de elevar las cervicales, siendo obligada la mirada al suelo, obediente. La vida en pareja es lo que tiene. La imagen de un hombre casado es la de un junco que se va curvando con el paso del tiempo y las órdenes. Vayan a Zara y compruébenlo, hay hordas de peleles sumisos por doquier.
Ya no puedes escapar. Las bolsas de las tiendas se convierten en las cadenas. Suéltalas y libérate, y ella te amputará los dos brazos con las etiquetas de las prendas. Cortan que no veas, compañero, está todo pensado de antemano. La premeditación femenina es peligrosísima.

Armas femeninas de destrucción masculina masiva


Porque si se te ocurre rascarte la cabeza cuando te pregunta por vigésima vez si esa camiseta roja quedaría bien con aquellos zapatos que se ha probado hace tres horas, a pesar de que no tenían su número y que han provocado una pelea entre ella y el dependiente de la que tú tienes toda la culpa porque no la defiendes nunca, te dice:

- Oye, tranquilo, ¿eh? no te pongas así. La próxima vez vendré sola.

¡Cuidado! Esa es la primera advertencia. En realidad quiere decir: Como tenga que venir sola… te vas a cagar. No tientes a la suerte.

Pero, tú piensas, si tan claro lo tiene ¿Por qué no irá sola la próxima vez? ¿Por qué el hecho de que a ella le apetezca duplicar semanalmente su vestuario, eso te implica irremediablemente? Hay cosas que sólo atañen a uno de los miembros del conjunto, como jugar a la Play con los amigotes, o comer pipas (¿Por qué siempre cogen las pipas de tu mano? ¿Acaso no tienen dos manos?) Pues ir de compras es una de ellas. Sólo afecta a un miembro. Entonces, yo juego a la Play, y tú vas de compras. Eso es amor. Y también falta de contacto con la realidad.

Hay otra cosa que está clara, tú no puedes ni rechistar si ella te trata como un gilipollas cuando te manda a por aquella camiseta verde manzana y tú vuelves con una verde botella. Es cierto que el único verde que conocemos los hombres de hoy en día es el verde La Masa. Pero, ¿es necesario llegar a agredir verbalmente a alguien por no saber que no es lo mismo el lila que el violeta? Si es que hay que leer más: la teoría de la evolución lo dice bien claro: las mujeres poseen una variedad cromática infinitamente superior a la masculina. Colores como el ala de mosca, el ya descrito anteriormente verde botella, o el rosa palo certifican este hecho. Por no hablar de la hegemonía léxica. ¿Qué es un bolero? ¿Qué es trench? ¿Palabra de honor? ¿Hablamos de ropa o de juramentos? ¿Dios, no es más fácil decir esto o aquello? ¿Dame eso de ahí? ¿No te pones aquello oscuro? Claridad, precisión.


He aquí la variedad cromática que distinguen los hombres.

Todos los otros colores no existen


Esta situación de clara inferioridad cromática y léxica provoca un desequilibrio emocional en el hombre similar a alguien perdido en un país ajeno. ¿Dónde estoy? ¿Qué dice esta gente? ¿Dónde hay una Play station? Entonces uno opta repetir la conducta base: bajar la cabeza, asentir y volver al estado de esclavo (el hombre-junco). Encima, tú no puedes ni inmutarte porque, si lo haces, cometes el error más grave que puede cometer un hombre, vivo o muerto, en una tienda de ropa. Cualquier réplica o gesto despectivo hacia tu novia despierta un sentimiento de solidaridad inaudito hacia ella en todas las mujeres que te rodean. Y eso sí que puede doler mucho porque no son pocas. Es un poco rollo hormigas. Crees que puedes con una, pero no has contado con las que vienen detrás.

Y es que hay un principio secreto a esa enemistad, al que sólo acceden los iniciados, que reza así: si te metes con una mujer, te metes con todas. Aquellas dependientas que antes te miraban con ojos de Yo quiero un novio igual pa mí, ahora piensan Verde botella...es que hay que ser tonto. Y no penséis que los otros hombres de la tienda, los que acompañan a esa jauría que ahora te mira con desprecio, no penséis que van a solidarizarse contigo. Eso lo sabemos todos, y nos lo perdonamos, es un código no escrito. Si somos incapaces de enfrentarnos a nuestras novias, ¿cómo vamos a dar la cara por otro? Nos basta con jugarnos la vida con la parienta propia. Lo único que cabe es una comprensión silenciosa de la tragedia del otro. Una mirada compasiva y nada más. Punto. Ahora bien, la cuestión cambia cuando el enfrentamiento es entre féminas. Las mujeres son, por definición, enemigas entre sí. Lo de Sauron y los Elfos eran cosas de niños. Por ejemplo, si hay dos chicas peleándose por una falda o lo que sea ¡¡huid lejos!! La devastación puede ser total.

La lección más importante que uno debe aprender y asumir hasta sus últimas consecuencias cuando sale de compras con su mujer es: Si quieres seguir con vida, cuida tu lenguaje. Da igual si has dado vueltas en una tienda durante media hora y has sucumbido bajo una montaña de vaqueros que te dicho que le guardes-para-que-no-se-los-lleve-nadie mientras ella se pelea por un jersey-monísimo-que-esta-tirado-de-precio, da igual. Debes hablar siempre con temple, educadamente y, si es posible, terminar las frases con un: a ti te queda bien todo. En caso de duda, un aplauso acompañado de un ¡Ooooooooooh! cuando sale del probador será bien recibido por su parte.

Da igual cuanto tiempo lleves mirándola probándose todo tipo de ropa, nunca dejes que el cansancio haga mella en tus ojos y acabes fijándolos en aquella dependienta de prieta indumentaria. Sólo para descansar la vista, claro. Si eres descubierto, serás azotado con una lluvia de preguntas extremadamente peligrosas: Empezando por la primera, la más delicada:


- ¿Qué miras?

¡Cuando ella ya sabe a quien miras! Después continua el interrogatorio de la GESTAPO:

- ¿Te gusta más que yo? ¿Está más delgada? ¿Es porque tiene más tetas?

Presta toda tu atención, esta es una prueba a vida o muerte. A este tipo de preguntas es evidente que se responde con sinceridad autómata, sin concesión a la duda, sin miedo, aguantando el chaparrón como un hombre de verdad: sumiso y mirando al suelo. Pero el interrogatorio no termina ahí, ya que deberás confesar honestamente que no hay otra como ella en toda la tienda, en la ciudad y, dependiendo del fuego en sus ojos y del tamaño de sus uñas, en todo el universo. Puedes arriesgar hasta un nivel superior de dificultad e intentar apaciguarla. ¡Atención, esto sólo lo hacen los expertos! Hay que decir: La camiseta verde botella te quedaba muy bien. Procura no haberte referido a la verde oliva. En caso contrario perderás tus extremidades y pasarás el resto de tu vida arrastrándote dentro de un carrito de madera. Si ella decide finalmente que la jornada ha sido satisfactoria y da el visto bueno a una retirada pacífica de las tropas hacia el hogar, la emoción, las lágrimas y el llanto ahogado están de más. Simplemente obedece. Recoge las bolsas y carga con ellas con dignidad, mostrándote agradecido por los momentos que acabáis de pasar juntos.

Por otra parte, si es duro acompañarla a comprar ropa para ella, mucho peor es cuando decide que eres tú el que necesitas renovar tu armario. Y ese momento, tarde o temprano, llega. Sucede tal que así:

Un día tenéis una cena y, por una de esa casualidades de la vida, ella ya ha decidido qué va a ponerse, mientras tu estás jugando la final de la Copa de Europa con el Getafe y Thierry Henry está a punto de lanzar un penalti que puede darte la victoria y culminar el trabajo, el sudor y las lágrimas de largas horas de insomnio. Ella se acerca con sigilo y, como quien no quiere la cosa, desenchufa la Play (repito, ¡DESENCHUFA LA PLAY!) y ordena:

- Vístete.

En ese momento es preciso actuar con agilidad y determinación. Te diriges raudo y veloz a tu armario, lo abres y ¿qué ves? Nada. En tu armario sólo hay una magnífica colección de perchas de las que no cuelga nada excepto una bufanda del Barça y una camiseta con una foto de tus colegas estampada y un lema: el Manolo se casa. Abres mil cajones con la esperanza de encontrar algo que puedas ponerte, pero sólo encuentras una bandera de los Guns n’ Roses, una cinta métrica que brilla en la oscuridad y una cantimplora de cuando ibas de colonias que hace que te preguntes: ¿en qué momento de la mudanza pensé que esto me sería útil? (¿qué coño hará ahí si ya no vives en casa de tus padres?).

Camiseta descubierta en Atapuerca




En un momento crítico como éste, sólo queda una salida: recurrir al montón de la ropa sucia. Para ello necesitas una máscara antigás y un guante de esos que usan los veterinarios para comprobar el estado de gestación de las vacas, dos objetos que cualquiera siempre tiene en cualquier cajón. Metes la mano en el montón de ropa sucia y tras arduas peleas con sábanas, toallas y pantalones consigues asir algo que podría ser una camisa. Tiras de ella con fuerza y... ¡Dios Santo! Está cubierta de calcetines, calzoncillos y bragas, apenas puedes distinguir de qué color es (dentro de la escala cromática masculina, claro). Empiezas a despegar calcetines, bragas y... ¡Eureka! ¡Es una camisa! ¡Y ES GRIS! La euforia se apodera de ti, pero no ha acabado todo ahí. Tienes que pasar la prueba definitiva, la que separa a los hombres de los niños: la hueles. Si no caes desmayado al instante, decides ponértela. Está un poco acartonada pero servirá. Qué sensación. Eres el rey del mundo, nada podrá quitarte esa sensación de victoria, salvo una cosa. Te das la vuelta y ella está ahí, te ha visto y ha tomado una decisión:

- Cariño, tenemos que ir de compras.

14 comentarios:

alter ego dijo...

Jajajajaj, me parto chaval :). La realidad, cruda, exacta, fría, sin variaciones cromáticas. La prueba defitiva de la dominación por parte de la mujer.
Y ¿que sería de un hombre sin una silla donde ir almacenando la ropa hasta que la silla se cae por el peso? ¿qué sería de nuestras rutinas si no pudiésemos olerle la sobaquera a las camisetas antes de judgar si es posible tapar el olor con desodorante?

Mucho habréis pensado, ¡qué exagerado con lo de la Play! A un amigo mío, la novia le derramó una jarra de agua sobre la pantalla y la CPU del PC mientras lo miraba desafiante a los ojos. ¡Puro romanticismo!

e-catarsis dijo...

Osti que largo...me limpio las retinas y vuelvo luego a leer
:))

Joan dijo...

Alter, esa silla es la que nos da vida. ¿Y cuando se cae la ropa? Bueno, pues ahí se queda, en el suelo, ¿verdad?

Por cierto, ¿la novia de tu amigo conserva sus manos? Eso sólo es capaz de hacerlo una loca o una mujer klingon, digo yo, vamos. Lo de la mirada desafiante me ha terminado de acojonar, voy a forrar el PC con cinta aislante.

Sí, un pelín largo para el blog, e, pero como estaba pensando para ser recitado en un monólogo (suelen durar 5 minutillos, maomeno). Vuelve luego sin legañas :P

Currymaedchen dijo...

despues de leer esto dudo de mi sexualidad, jarl, yo aguanto como máximo media hora de compras y únicamente cuando tengo que ir por necesidad, vease no tengo ningun pantalon que me venga, no puedo robarle ninguno a mi hermano ni a mi madre......seré un hombre?

Oliveria dijo...

Confesare que mi existencia se redujo a cucaracha, a villana de la inquisición, compadecí a todos aquellos hombres que tienen al lado una compradora excesiva-compulsiva…pobres víctimas!!!!.
Sin embargo me vino a la cabeza ese verde olivo y mis pupilas crispaban, endurecí la mandíbula y alce los hombros, me subí al escritorio y desde ahí hice un homenaje a una la las precursoras del feminismo y ¨diche así: ¨

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia,
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que falta de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata
y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?
Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos enhorabuena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada,
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?
Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

Joan dijo...

O-TI-A...

8-|

Sin palabras me he quedado, Sor Juana...

e-catarsis dijo...

¿Rollo hormigas?
¿Tú a la Play y yo de compras?
¿Eins?
Toc toc toc...¿hay alguien?
Aqui nave nodriza llamando a Planeta Tierra...
...hay que joderse Joan...hay que joderse...
( l o h a s c l a v a d o m i e r d a n e n a s... n o s h a n d e s c u b i e r t o )
:))...con bajada de párpados por si cuela...¿no?...yo creo que si
:P

Ahora en serio...me he reído un montón...he llorado otro montón...me he cabreado...otro tanto...y al final ha podido la gran sorpresa de pensar que ¡¡¡joer!!! ( na no digo na) ea
;))
- ¿ah pero esto era en serrio?
- amos anda ni de coña
:P

Rosenrod dijo...

¡Jajajaja! Simplemente genial, ¡enhorabuena! (plas-plas-plas-plas-plas-plas)

Un saludo!

Oliveria dijo...

a pesar de todo, le deseo un excelente fin de semana, mismo que me servira para estudiar a los entes de su especie y rebatir su monólogo en defensa de todas las mujeres del mundo!!!

Thalatta dijo...

¡Por Horus! ¿pero con qué mujeres salís? ¿pero existen ese especimen de género femenino que describís? Con lo bien que se está jugando a la play... ¿ir de compras? ¡amos hombre!
En serio... creo que me he confundido de planeta o al final va a resultar que soy especial (espacial?)
Chicos... hay otras chicas... de verdad... :)
Besoss

Manuel Márquez dijo...

Compa Joan, hasta ahora no había tenido ocasión de echarle una lectura detenida al monólogo de marras, que, cierto, largo sí que es, pero merece la pena dedicarle su ratito: como pieza de género, es bueno, muy bueno, yo creo que podrías colocarlo fácilmente en cualquiera de los programas que se dedican al mismo. Me he reído una "jartá", y he de reconocer, por alusiones, que me he sentido identificado, desde la chorra y el exceso, con unas pocas de las situaciones que relatas...

Por cierto, compa Tha, esas mujeres de las que habla Joan no sólo existen, sino que, además, los hombres nos casamos con ellas, y las adoramos ad aeternum -porque ´sí, porque lo valen-. Pero no creas que es tan sencillo: porque esa condición no es congénita, se va adquiriendo con el paso de los años -y mucho me temo que, en buena parte, somos nosotros los que contribuimos a la "creación del monstruo"...-.

Un abrazo.

Joan dijo...

Uy, se me había olvidado contestar estos comentarios.

E-catarsis, simplemente por haber creado algunas sensaciones en ti ya me alegra (y no diré que el cabreo sea una de las que más me congratula porqué encierra cierta identificación con lo descrito...) (vaya, pues sí que lo he dicho).

Rosenrod, ¡gracias!

Oliveria, espero su monólogo defensor del género femenino. Sepa que tiene temas para atacarnos hasta debajo de las piedras.

Tha, sí que hay otras chicas, pero a veces te preguntas, ¿y qué tendremos en común? Quizá nada, pero sin saber porqué, ni querer saberlo, la atracción, amor o comoquierasllamarlo está ahí.

Compa Manuel, ¿quién sabe?, quizá lo presentemos algún día, las ilusiones son gratis. Por cierto, vaya monstruo... jeje

Harvester Of Sorrow dijo...

Yo, hace poco, consideré hacerme homosexual una tarde de compras. Porque a mo novia no basta con decirle que la ropa le queda bien: quiere una opinión de experto. ¡A mí, que sólo sé diferenciar entre las camisetas de Megadeth y las de Metallica! Que si qué camiseta le queda más ajustada, que si qué zapatos parecen más de vestir, que si se debe comprar una falda o un vestido... Yo acostumbro a responder con un diplomático "Lo que tu veas, cariño", pero eso la cabrea mucho más.

Mientras aguantaba la bronca paseando del Zara al Adolfo Domínguez, soñé con un ser imposible, mitológico. Un cuerpo de mujer con cerebro de hombre, bebedor de cerveza, amante del Pro Evolution y que considera que series como "Anatomía de Grey" o "Sexo en Nueva York" son una puta basura. Como sé que esa mujer no existe (y si existe no le gustan los hombres, proclamo) pensé en pasarme de acera. Pero la salud de mi Cerito Sesuarl y el imaginarme de compras con Pedro Zerolo me hizo desistir rápidamente. Bajé la cabeza y aguanté estoicamente el chaparrón mientras repasaba mentalmente la alineación del Barça de la temporada 95-96. Sad, but true.

Joan dijo...

Amigo Parella, pero ¿no era usted ya emesexual?
Será que me confundo. Ah, las camisetas de Megadeth y MetallicA llega un momento que son imposibles de distinguir, sólo unos cuantos elegidos nos hemos dado cuenta.

En cuanto a lo que dices en el segundo párrafo, ¿y qué puedo añadir? Genial. Y genial también el equipazo de la temporada 95-96.

Abrasssssos y a ver si nos vemos por Cal Bernadás.