
Cuando vio el cuello de su amada, la sangre que brotaba de la arteria seccionada le salpicó en los ojos. Al abrirlos corrió hacia la salvación, sin embargo el reflejo de la hoja del cuchillo surcando el aire hacia su cuello le anunció que ni siquiera llegaría al teléfono.
Investigación
Teléfonos incansables, martilleantes máquinas de escribir y humo por doquier. En la esquina, el detective Simons aguantándose la cabeza entre las manos. En su interior, el silencio más absoluto y, a su lado, varios archivos de asesinatos encima de su mesa.
La pista
El jadeo se acelera. Le queda poca sangre. Suenan sirenas a lo lejos. Demasiado lejos. Intenta escribir algo, su nombre, un indicio, algo. Quizá con la sangre que emana incesante de su orificio de entrada. Todo el esfuerzo se hace inútil cuando suena un segundo disparo y, segundos después, el chirrido de unos neumáticos.
El debate
A un lado, la placa, la cartuchera, la pistola y el uniforme. Al otro lado, la mafia, las pistas, las pruebas incriminatorias, los cadáveres y las calles. En medio de todo, el fajo de billetes que lo tapará todo.