
- Ha pedido una calzone con champiñones?
- Te has equivocado de sitio, chaval. Esto es la ficción.
- Ah, perdón.
Ocurre un silencio dramático. Wigfield mira de reojo hacia al guionista con cara de vergüenza ajena y pisotea repetidamente el suelo en señal de nerviosismo. Por fin aparece la mujer fatal. Viste de largo, satén rojo, escote extremo y curvas de puerto de montaña.
- Hola.
- Has tardado mucho.
- Maldita sea, James.
-¿Un trago?
- Ponme otro whisky.
- ¿Otro?
- Había happy hour en el bar de abajo.
- Mierda…
- ¿Quieres que bajemos? Ahora dan chupitos.
- Mierda…
Wigfield gira su cuerpo y asoma un auricular incrustado en su oreja. Ahtletic de Bilbao 0 – Matalascañas CF – 1. La quiniela a tomar por culo. Mierda.
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[…]
- …en ese instante!
- ¡Sí!
- ¡No! ¡Jamás!
El detective y la bella mujer han retomado el diálogo sin esperar al fin de los anuncios. El productor se ha cortado las venas y otros métodos suicidas ocurren por doquier en el plató. El guionista sonríe. En el despacho, ella da un portazo y el cristal donde, lógicamente, está escrito el nombre del investigador se rompe en mil pedazos. La corriente se lleva en varios remolinos los papeles de la oficina. Sin embargo, el humo permanece. Quizá por eso se le llame cine negro. Wigfield se gira otra vez, continúa mirando por al venana y retoma su hurgue nasal.
- Volverás, seguro
De lejos se oye el ascensor y justo antes de que se cierren las puertas, suena un pedo lejano.
Fin de la escena.