6 de enero de 2011

Los Reyes

Sigo aquí despierto y aún no ha venido nadie. ¿Será porque soy republicano? ¿O porque me he portado mal? ¿Hay que dejar algo para los camellos? Quizá podrían dejar ellos algo para mí. Yo creo que ni una cosa ni otra. Al final, casi seguro que los Reyes no existen. Se lo he preguntado a mi madre y me ha dicho que soy gilipollas, que a ver si empezaba a enderezar mi vida y a trabajar un poco. Yo le he dicho que ya tengo un trabajo, a media jornada, pero trabajo al fin y al cabo. Luego me ha llamado vago y hippie y gordo y ha colgado.

Ante esta encrucijada me he decidido por la investigación en profundidad (eufemismo de uiquipediar) y, para empezar, he descubierto que no tienen nada de reyes. Magos de Oriente, ésa es su ocupación. (Nota: Es que se conoce que por Oriente nunca han sido demasiado de monarquías, les va el rollo más absolutista). Si son tan magos como dicen, podrían al menos traer algún sombrero de copa o unas cartas y hacer un par o tres de trucos. Mucha corona y capa para, al final, ser unos impostores. Seguro que las barbas son de mentira. Todo me huele a chamusquina: unos reyes que, en realidad, son magos, que vienen de Oriente pero tienen facciones occidentales, que entran en casa por la noche a hurtadillas y van vestidos con atuendos demodés. Y por si fuera poco, a veces dejan unos paquetes sospechosos simulando ser regalos cuando, al abrirlos, nos encontramos ropa. ¡Ropa! ¿Desde cúando un pijama es un regalo? ¡Gentuza!

Así me lo creería más

Para documentarme más sobre lo oriental he bajado al todoacién, pero lo único que me he encontrado ha sido un juego de Magia Borrás con la varita algo mordisqueada, una corona de plástico y, en el mostrador, un chinorri con el clásico bigote de chino que no sabes si es vello, bigote o si se lo ha pintado con boli Bic negro. Al interrogarle, sólo me ha respondido con múltiplos de cincuenta céntimos o de euro. Será un lenguaje en clave. Así que nada, la identidad del sospechoso trío seguirá siendo una incógnita.

Al volver a casa, me he estremecido pensando en mis posibles regalos. Si descarto la ropa, la literatura científica habla de tres elementos. ¿Qué es eso del oro, el incienso y la mirra? El oro se lo podría vender a unos gitanos que pululan por mi barrio, o hacerme una dentadura a lo rapero rico, pero lo demás es infame y ciertamente sospechoso. El incienso sólo se lo regalaría a alguien con serios problemas olfativos o que regentara una tienda de jabones, collares de la India y otros enseres inservibles. Y la mirra... ¿A que no la habían visto nunca? Ahí va:

Mirren la mirra. (Ja, ja y ja)

Imaginen que después de tanta carta a los Reyes y tanto paripé, les traen semejante montón de estiércol mezclado con tierra seca y encima pasándose por monarcas, cuando en realidad son el Magic Andreu de antaño. Seguro que al cogerla, se desmenuza y hay mirra everywhere. Lo primero que haría yo sería comprobar la baldosa con el dinero en metálico, las joyas y el armario de los licores. Apuesto a que más de una botella habrá sufrido un descenso de contenido.

Bueno, creo que al final me quedaré dormido y, al despertar, me encontraré la casa llena de carbón, pero no será por los reyes ni los magos ni los orientales, sino porque me estoy preparando una cafetera e intuyo que me dejaré los fogones encendidos.

5 comentarios:

Àngel Aguiló Palou dijo...

m'has fet fer una bona rialla, principalment amb la sàvia reflexió de la teva mater....

Josep dijo...

Tú sí que eres mago, porque desde la sequía has ofrecido dos buenos productos y uno con una fecha misteriosa, bailonga, interanual.

Veo que estás en forma, Joan, porque me he reído mucho con estas disquisiciones; lo que tienes que hacer es pedir que te traigan una cafetera eléctrica con alarma incorporada y así puedes dar una cabezadita sin peligro a despertar chamuscado y tiznado como Baltasar. :-)

denke dijo...

La ropa, si no eres una niñata de 13 años, no es un regalo...

Joan dijo...

Les reflexions maternes, com bé sabràs, sempre s'han de tenir en compte.

Josep, intento volver!

Oh, denke, coincidimos uan mor taim.

Mila dijo...

ta ta ta channnnn y sale un palomo del sombrero y nos caga a todos en la cabeza, bueno, pronto te traeran otro pijama, pero viejo, por quejarte.