
Ahí está D’Artagnan cortando la cinta inaugural de los dibujos animados que se realizaron en su honor 300 años después y fueron protagonizados por perros –extraño honor, si me permiten-. El ducho espadachín se ha quedado como petrificado y con la mano izquierda en homenaje a Chiquito, es por eso que le han dado un cambiazo: la cinta inaugural por unos músculos flácidos. Rembrandt debía de ser amigo de Rijkaard, El Bosco y compañía, porqué mira que poner a los siete hermanos de Cervantes en el cuadro, todos con el babero, como si se fueran a merendar al paciente, fiambre, voluntario-cobaya o lo que sea (según dice la documentación, un caco llamado Adrien Het Kint), eso sólo lo hace la droga o ¿será que el pintor holandés retrató una escena de Seguridad Social de aquellos tiempos?
Seguro que no distaba mucho de la actual. Ibas por una urgencia cualquiera y, después de una espera mínima de cuatro horas, rodeado de tísicos, tuberculosos, leprosos y sifilíticos, pasabas a una sala donde alguien sin estudios ni conocimiento alguno te seccionaba una parte de cuerpo al azar con un vaso de whisky como única ayuda anestésica –encima se lo pimplaba el matasanos-. Si sobrevivías, te mataba algo que te habían contagiado en la sala de espera. Igualito que en la actualidad. ¿Cómo explicar la presencia de los hermanos Cervantes en la sala? Eso lo dejo a su elección, y es que les abandono momentáneamente: me tengo que ir a que Aramis me ampute los pies, y eso que sólo me duele la tripa.