18 de septiembre de 2006

Consejos televisivos


Como directivo de programación de una cadena televisiva harto famosa me dirijo a la plebe para que, a modo de arenga, capten la esencia de nuestro ideario hertziano. Por todos es conocida la aceptación de nuestra parrilla vespertina, siendo la vida de cada uno el eje moral que nos acompaña desde hace unos años. Seguro que usted, ávido espectador, ha deseado participar en este cúmulo de emociones que le brinda nuestra cadena. Así las cosas, le conmino a seguir estos pasos para convertirse en nuestra próxima estrella de la tarde. Y de los záppings.

Para empezar, deshágase de sus escrúpulos. No los queremos para nada. No venden. Sea cruel, ruin, venda su alma al mejor postor. O sea, nosotros.

Pierda su educación si es que alguna vez la tuvo. Procure ser grosero, insulte, interrumpa a su acompañante, a los demás participantes, al presentador o la presentadora. Grite cuando le apetezca. En resumen, monte el espectáculo. A ser posible, chabacano y barriobajero.

Reinvente el lenguaje. Anímese con los neologismos, abuse de la perífrasis, cambie los pronombres. No tenga vergüenza, los demás le verán como un igual. Aquí no destruimos la gramática, se trata de una deconstrucción de lo más creativo. Los expertos jamás nos entenderán, estamos adelantados a nuestro tiempo.

En cuanto al aspecto físico, puede ganar puntos si aparece con un diente menos, especialmente si le confiere un aire grotesco. Para este caso, la pérdida de algunos incisivos, conocidos como paletas frontales, es de lo más adecuado. También cabe la opción de engordar 100 kilos o 200 dependiendo del sacrificio de cada uno. La cuestión es llamar la atención.

Fornique con su madre, su padre, sus hijos y cualquier familiar y/o amigo. Cuanto más cerca de la patología sexual, mejor. En este caso sí que hay un tope. La necrofilia no vende en televisión. Deje embarazadas a varias menores de edad. Quédese embarazada con 13 años. Después nos lo cuenta.

Por último, para convertirse en un ser abyecto integral debe recordar que las lágrimas, el dolor, las agresiones físicas o psíquicas se convierten en puntos de audiencia. No nos defraude.

2 comentarios:

Dr. Strangelove dijo...

Solo faltaría amordazarnos y amarrarnos al sofá y tendríamos el síndrome de estocolmo. Que es lo que nos hace sentir la puta TV.

Pedazo de blog.

Un saludo.

mar dijo...

Ets un crack...