9 de febrero de 2011

El medievo

Aún vivimos anclados en la Edad Media pero no nos damos cuenta. Basta con que miremos un par de webs de noticias y leamos que el rey Juan Carlos ha pronunciado un discurso o que ha visitado tal o cual sitio. Monarquía en el siglo XXI. Viva la modernidad. Ahora que tanto se habla de democracia es curioso que el próximo jefe de Estado lo será gracias a (o por culpa de) sus progenitor, a no ser que ocurra lo deseado por muchos. Si uno reina, entonces nos toca al resto, al pueblo llano el papel de vasallos, ¿o sería más adecuado nombrarnos bufones de la corte? Será por el corte de mangas que nos hace desde el trono, el borbonaco este.

Una manera de terminar con la monarquía

No sólo la monarquía es una rémora de tiempos pasados. Si escarbamos en la cotidiniadietatidad (me gusta más así, dichoso palabro) nos encontraremos con ceremonias más vergonzantes, si cabe. Sin ir más lejos, tubérculos con título nobiliario. ¿Qué méritos se le acreditarán? ¿Una buena cocción? ¿Fritura crujiente? ¿Se le bautizará como el marqués de la Patata? ¿O lo habrán nombrado Grande de la Tortilla?

Soy marqués, ¿qué pasa?

Es por estos factores determinantes y muchos otros como la presencia de crucifijos en colegios (¡Viva el dogma! ¡Muera la razón!) que hay que abrazar el medievalismo en su totalidad. En este blog maniqueo o se es o no se es, o todo o nada y, esta vez, se impone lo medieval y me erijo como cruzado para instaurar una época de oscuridad, barro, bacanales, flechas y ruidosas armaduras al caminar.

Lo primero, será establecer nuevas figuras de autoridad. Las fuerzas de seguridad del estado desaparecerán ipso facto. Muchos verán en este hecho una puerta hacia la anarquía, el libertinaje y la barra libre, pero se equivocan. Una multitud de caballeros serán ordenados por el rey y bajo el estandarte de la Mesa Redonda, cabalgarán por las vastas extensiones ibéricas repartiendo mandobles y golpes de maza a quien ose perturbar el orden público o saltarse los edictos reales.

Todos aquellos aprehendidos por estos prohombres serán presentados ante la nueva vieja justicia. Nada de togas, ni abogados ni parafernalia burocrática. Vuelve la Inquisición y las ordalías ¡Viva el dogma! (again). Saludad a la nueva vieja Inquisición. Ésta será una forma rápida de agilizar los casos pendientes ya que el veredicto será siempre ¡culpable! Así se pronunciará, gritando, con los ojos inyectados en sangre y con una multitud enfervorecida y ávida de sangre blandiendo antorchas y hoces afiladas. De hecho, al pronunciarse la sentencia, el reo ya estará situado en la hoguera y sólo el crepitar de su piel calmará a las hordas.

Las nuevas togas

La moda relanzará la industria metalúrgica a lo bestia, ríanse de los orcos y el ojo sauroniano(niá). El metal en cualquiera de sus formas conducirá a todos los sastres al ostracismo y las plantas de fundición se convertirán en las nuevas creadoras de estilo. Manoplas férreas para él y para ella; cotas de malla de titanio, ligeritas para el verano; armaduras rellenas de borreguito, para los días de más frío y un sinfín de complementos a tono con los nuevos viejos tiempos.

Corbataespadas, sí, señor. Atuendos de forma idéntica a la corbata actual pero revestidos de una capa de acero por si en un evento social que requiera etiqueta somos asaltados o necesitamos defender alguna doncella de los numerosos malandrines que acechan por los senderos.

Yelmo integral para ir en moto. Siempre útil en el caso de toparse con otro motorista medieval que, lanza en mano, nos rete y acto seguido nos batamos en justa, acelerando las Derby Variant y chocando en vorágine sangrienta.

Cotas de malla. De malla fina y manga corta para el verano. Cuidado, acarrean cierto peligro de sofoco y/o quemazón. Trajes de malla brillantes para ir a bodas, negros para funerales.También están disponibles en forma de bikini o, si hace frío, de bufanda.

Uno de los grandes avances medievales actuales (curiosa paradoja) será poder quemar todos los euros pestilentes e ignominiosos y volver al trueque. Al fin podremos ir a comprar con varios sacos de harina y dos docenas de cabras, devolviendo la alegría y la picaresca a nuestro comercio interior. Además, la burbuja inmobiliaria no existirá porque viviréis hacinados en pajares llenos de garrapatas. Los nobles dispondremos de aposentos más dignos y podremos comer agarrando un muslo de pollo con una mano y la copa (metálica) de vino con la otra.

También será el fin de los móviles. ¡Por fin! Ni facebooks ni twitters ni teléfonos ni internet ni nada. Sólo nos podremos comunicar de forma oral, a través de emisarios a caballo o mediante palomas mensajeras. El ahora denostado animal alado pasará a ser objeto de codicia y el asco que provoca se convertirá en devoción. También se convertirá en un poderoso transmisor de enfermedades terribles y gran parte de la población fenecerá. Eso no importa porque la esperanza de vida se reducirá a los 26 años.

La nueva llamada perdida

En esta línea, los médicos seguirán el camino de los sastres: la hoguera. Se acabaron las horas de espera, los olores de hospital y los efectos secundarios. Si estamos enfermos sólo tendremos estas opciones:

- Morir

- Acudir a una bruja

Si optamos por la segunda opción, la nigromante nos administrará ungüentos calientes y comeremos raíces agrias. Luego musitará algunas palabras en algún idioma desconocido, lanzará unas piedras y unos huesos al aire y moriremos. La nueva medicina medieval es lo más. Y ahora les dejo, que necesito vino y ya oigo llegar el carro del abad.

4 comentarios:

denke dijo...

Mi duda se centra en... donde coño quedan los Gintonics en todo esto..!??!

Comprar sibutramina dijo...

Es que me ha encantado tu redaccion, no dejo de reirme de lo ciertas que son las cosas que dices. De todas formas, tus propuestas me parecen geniales.

Joan dijo...

Denke, usté también ha sucumbido a la moda gintoniquiana, por lo que veo. Siempre seré escocés, en ese sentido. Por cierto, mi propuesta de al menos dos posts por mes para que fuera el año del reencuentro, idoseha al garete.

denke dijo...

Moda, moda... mídase señor, ¡mídase!
Que uno ha sido siempre de licores de menos de 40. (salvo excepción honrosa del santo tequila).
De la moda me alegro, ahora empiezan a servirlos bien en más lugares de la ciudad condal.