14 de mayo de 2009

21 minutos siendo una mujer

Dicen que cuando te sometes a una operación de cambio de sexo el post operatorio no es tan crítico como el proceso psicológico al que te ves sometida. Mienten. El anestésico casero que me inyecté vaso de tubo mediante, me permitió realizar incisiones sin dolor alguno pero también sin precisión y, por eso, el post operatorio, se está tornando en tremenda resaca del infierno. En la etiqueta del frasco no podía nada de efectos secundarios, sólo leí Green Garden 40% Vol., un anestésico de calidad escocesa comprobada. Así, fruto de la carencia de ayudante, del precario equilibrio y pulso trémulo inducidos por la seudoanestesia y a fuer de confundir el hilo de coser con los auriculares del Ipod, el resultado no ha alcanzado las cotas de excelencia que estas operaciones requieren. Por suerte, mi altísima pericia en estas lides y el hecho de haber aprobado el MIR varias veces, rebajan la catástrofe a un mero nivel de horror nauseabundo.

Observo mi silueta en el espejo y me sorprende el nuevo cuerpo ideal que acabo de crear. Hay ángulos rectos en lugar de curvas, aparecen extremidades en lugares insospechados y mis medidas son de escándalo, 340 – 20 – 130 – 250. Sí, el último dígito corresponde a los tobillos, una ligera hinchazón producto de acumular huesos, tendones y demás tejido sobrante en las extremidades inferiores por si acaso. Mis nuevos supersenos están formados por siete bolsas de magdalenas la Bella Easo. La cintura, émula de avispa, está conformada por un vaso batidor y varias almohadas intradérmicas me equiparan al jamonismo jovial de Beyoncé, claro exponente de la famosa teoría "Las negras en los videoclips. Origen y desarrollo y su influencia en la posmodernidad adolescente".

Otro tipo de jamonismo

Mi primera acción como mujer, luego de una prolongada e interesante autoexploración, es construir una máquina del tiempo con un manojo de perejil, varias latas de la extinta Kas Manzana y un reloj de cuco. Omito deliberadamente un componente para evitar posibles plagios. Y os preguntaréis el porqué de este viaje por el continuo espacio-tiempo. Pues porque las mujeres somos personas con iniciativa y, antes de enfundarme en una nueva vida femenina, creo oportuno conocer los vericuetos de la trayectoria histórica de este género. Primera parada: la prehistoria.

Nada más llegar, varios onvres peludos y fornidos me arrastran por el pelo hacia una gruta , armarios empotrados, todo interior, suelo de gres para mancillar mi honor aún intacto. Observo negando con la cabeza y diciendo ts ts ts que la liberación de la mujer aún no ha cuajado y que las condiciones higiénicas de la cueva –no hay bidé- no me satisfacen.

Otro tipo de prehistoria

Rápidamente acciono el panel de control y me teletransporto hasta el siglo XVII. Allí, soy repudiada e incluso vilipendiada por la calle por carecer de grasa en exceso. Donde yo veo piel de naranja y morbidez, los contemporáneos de aquella época se funden en hogueras de lujuria. Curiosamente, los hombres también utilizan maquillaje y no poco. El corsé me aprieta tanto las estupendas tetas que huyo despavorida sin darme cuenta hacia qué fecha.

Aparezco en el año 34505. Las mujeres somos fuertes y tenemos nuez. Los hombres tienen la regla. Bueno, los dos que quedan. Un ataque de fertilidad femenina los convirtió en objeto de búsqueda, captura y fornicio. Unos murieron de ansiedad, otros por una pandemia de sífilis muy virulenta y, los más afortunados, de extenuación. Existe un Ministerio de Bolsos y Zapatos y se oye un murmullo constante, como si siempre hubiera miles de personas hablando. Definitivamente, ni cambios de sexo ni viajes temporales. Admito mi derrota y señalo la fecha de hoy en mi máquina del tiempo. Sólo han pasado 21 minutos desde el primer viaje.

Al volver al 2009, sabedor de mi talante escurridizo y poco combativo, decido regresar a mi figura original: el Onvre Joan -OJ si queréis- el yo único. Lleno de cicatrices y restos de carmín, pero yo, al fin y al cabo. Procedo a hacer acopio de anestesia Green Garden para desfacer el trueque de sexo, pero al verme otra vez en el espejo me doy cuenta que mis implantes farináceos con forma de seno han sido consumidos por hordas de gusanos y el moho campa en derredor. Sin pechos, recoloco los tejidos sitos en los tobillos y sólo ansío encontrar mi anterior sexo para reponer del todo mi género original. Cuando me lo extirpé, le di un uso de planta decorativa de interior. El problema es que el Green Garden aún me afecta la capacidad cognitiva y me reimplanto un aloe vera. Bien mirado, el cambio no es tan malo.

Ahora sólo espero vivir en paz y desaparecer en mi lúgubre morada. Que no es lúgubre, tengo sol por doquier, pero bueno, así añado un poco de énfasis al colofón. Mi única y postrera reflexión es que después de tantos cambios creo que ya sé cuál será el siguiente paso.

7 comentarios:

Folken dijo...

¿El siguiente paso es convertirse en una tarjeta de cartón?

Josep dijo...

¡Jolínjolín!

¡Aloevera! ¡Te has convertido en el amante curativo! ¡A la que vas, te veo en la tele!

Estupendo... :-)

Salutacions

Joan dijo...

No frivolice, amigo Folken, sé de buena tinta que usted ya posee el susodicho rectángulo de cartón.

¿Amante curativo, Josep? Interesante. Puntiagudo también, añadiré. Me pregunto si encajaría más en Alerta 112 o en Redes.

El Hombre de la Pústula dijo...

¡Necrocard! Había oído hablar de ella pero, pero...

Me he fijado en que el bueno de Joan se hace llamar O. J. como el famoso violador, él puede, ahora que sabe lo que se siente al ser mujer cual si hubiere estado preso en otomano penal.

Es curioso, al leer las cifras de las medidas me han dado ganas de jugar a la lotería. Bueno, en realidad no, no hay lotería en el mundo que llegue al 340, pero he visto magia en esos números, es más, he querido pensar que se medían en grados sexagesimales y no en esos anticuados centímetros, he estado un rato largo imaginando cómo sería un cuerpo con esas dimensiones, con esos ángulos.

Repóngase y cuidado: el sol puede ser muy lúgubre también.

...

No, olvídalo, el sol puede picar mucho pero lúgubre ¡eso nunca!

Salud!

tia cookie's dijo...

Joan dado su conocimiento histórico en el tema femenino acaecido en su propias carnes, creo que la ministra Bibí Aído debería cederle la cartera ipsofacto! Desde aquí le propongo como Ministros de igualdad, por cierto tal vez si provase el Cardhu el viaje sedatorio sería un pelín menos duro...vale también más caro pero es lo que tiene lo viajes. Curioso detalle de su máquina con el perejil...por San Pancracio, tal vez?

estanli cuvric dijo...

El 34505 fue una año harto anodino. Con sólo un arquitecto y un delineante para satisfacer a todas las féminas, sedientas de chistes y fresones.

Joan dijo...

Hombre Pustular, esos números son como los de Lost, tienen mucho misterio pero jamás sabrá nadie el porqué.

Tia cookie's, espero que la señora Aído me ceda la cartera, pero la personal, la que lleva repleta de billetes de 500 leuros.
El perejil siempre implica fundamento.

Pena ser de letras, ¿eh? estanli.