El negro siempre se ha asociado al mal fario, a lo oculto, incluso a lo maligno. Cuando tienes que visitar a los suegros, te asaltan presentimientos negros, al firmar contratos laborales sellas tu futuro negro, hay gente que lo ve negro –lo tuyo con la pelandusca esa que te llevaste a lo oscuro –a lo negro, vamos-, hasta frases hechas del estilo “trabajar como un negro”, con la excepción de Ronaldinho que trabajaría más bien poco pero se le considera la oveja negra.
Yo, para variar, he llegado para defender el negro, al colectivo negro –y muy especialmente a Tyra Banks- y todo lo que sea oscuro, opaco y, lógicamente, siniestro, empezando por el bar de copas que visito con asiduidad cuyo toldo es negro –y no es coña- y su interior casi que también.
Ya está bien de connotaciones negativas. Y es que estos adjetivos, bajo mi prisma, se convierten en otros como elegante, atractivo o sugerente. Si un gato negro cruza delante de mí por la calle, pues que cruce. En un entierro, ¿por qué se viste la gente de negro? La muerte ya es algo terrible como para encima verse obligado a la monocromía. Si añadimos el factor verano, el luto negro pierde toda su esencia para convertirse en programa de adelgazamiento.
Por otra parte, fijaos que a la hora de vestirse para cualquier otra ocasión que no sea un entierro, el negro es refinado -el esmoquin- y agresivo al mismo tiempo -la chupa de cuero-. Además, combina con casi todos los colores, circunstancia que ayuda por las mañanas cuando la apertura ocular no supera los dos milímetros.
Por otra parte, fijaos que a la hora de vestirse para cualquier otra ocasión que no sea un entierro, el negro es refinado -el esmoquin- y agresivo al mismo tiempo -la chupa de cuero-. Además, combina con casi todos los colores, circunstancia que ayuda por las mañanas cuando la apertura ocular no supera los dos milímetros.

No soy un gato, pero doy mal rollo por igual
Uno de los grandes géneros cinematográficos es el cine negro. Y, si es posible, en blanco y negro, así que negro al cuadrado. Muchas veces, está basado en guiones que beben de la novela negra. Ya lo tenemos al cubo.
En el terreno gastronómico, el negro se asocia a putrefacción y mal estado. Comeos sólo lo negro de una fruta y sabréis de qué hablo. Sin embargo, nada mejor que la oscuridad para un buen café humeante o, sin salir del gusto amargo, un vaso de Fernet Branca. ¿Qué decir de las huevas de pescado o el regaliz? Ya en cotas más altas y bajo el filtro del destilado, la etiqueta negra de Johnnie, el archiconocido Black Label, nos demuestra que negro y excelencia pueden ir cogidos de la mano.
En el terreno gastronómico, el negro se asocia a putrefacción y mal estado. Comeos sólo lo negro de una fruta y sabréis de qué hablo. Sin embargo, nada mejor que la oscuridad para un buen café humeante o, sin salir del gusto amargo, un vaso de Fernet Branca. ¿Qué decir de las huevas de pescado o el regaliz? Ya en cotas más altas y bajo el filtro del destilado, la etiqueta negra de Johnnie, el archiconocido Black Label, nos demuestra que negro y excelencia pueden ir cogidos de la mano.
Una auténtica joya negra
Si mientras saboreamos alguno de estos líquidos suena el Blackened, el Black Album, Black Hole Sun o, aún mejor, Back In Black, el placer negro está asegurado. ¿Qué decís? ¿Os gusta el negro? Seguro que si se trata de dinero, será un sí rotundo.