Limpieza de vestuario y de actitud. FRANK sabrá enderezar el resto.
PS: Sé que es irracional, pero como me jode.
¿Hasta el punto de no cenar?
Sí
¿Hasta el punto de no hablar?
Sí
Pido un minuto de silencio.
Gracias.
Sitio dedicado a la contradicción, al surrealismo, a la diáspora, a la sinécdoque, al electrocardiograma y al chuletón de buey.

Al caer la noche ocular, viajo lentamente, -yo diría que a -4X en lenguaje de reproductor de DVD, es como un zoom in eterno- y me dejo llevar. Es un viaje a veces placentero, a veces estresante, pero siempre amnésico. O casi. Luego, émulo de una croqueta, ruedo hasta topar con la barrera de sonido intermitente. Ahora pasas, ahora no. Veintisiete manotazos al azar consiguen superarla, ábrete, sésamo. Con la visión chinesca y la cara obesa me sumerjo en una catarata que manejo a voluntad. Nada funciona. No hay reacción, sólo encefalograma plano. ¿Quién es el del otro lado? ¿Por qué se mueve igual que yo? Entonces aparecen las tentaciones. Hay un espacio cálido que reclama oscuridad y sosiego. También está el exterior, abrupto y luminoso. ¿Victoria o derrota? La decisión ya está tomada de antemano, siempre lo está. Sin embargo, la inercia –la maldita inercia- hace que me dirija lentamente hacia el exterior. Maldita sea, cada mañana igual. Cada mañana, una derrota.
Hay que ser gilipollas
Esto era antes un desierto. Al revés que Atila, lo que pisa FRANK se convierte en hierba verde.
La etimología del boicot nos transporta casi 200 años atrás en el tiempo, cuando se realizó el primer boicot contra el funcionario irlandés Charles Cunningham Boycott (leeos la Wikipedia, no voy a cortarpegar). El tal Boycott debía de ser un cabroncete integral y encima le atacaron con su propio apellido. ¿Y si en lugar de llamarse Boycott se hubiera apellidado López? Ya veo los titulares, “López a los juegos olímpicos de China”. O en el trabajo: “Voy a Lopezear al nuevo”. Me pregunto, ¿quién osaría boicotear (o boicotear o hacer López o Lopezear) los juegos olímpicos si se celebraran en Estados Unidos? por ejemplo. Un país donde las libertades se manipulan y la política exterior somete poblaciones sin despeinarse. En cambio, como los chinos son tan bajitos y tan rarunos, pues a por ellos. A mi plin, que duermo con Pikolín. Boicotear los juegos de China está bien, es bueno, pero no porqué los chinos puteen a los tibetanos, sino porqué hay que suprimirlos.
Los juegos olímpicos son un lastre para la humanidad. Se celebran cada cuatro años, una espera interminable. La ceremonia de apertura es un coñazo sólo apto para ñoños y cursis. España nunca gana nada importante. Y si lo ganara, pues casi igual. Se van a emitir en horarios intempestivos. A ver quién es el listo que se levanta a las cuatro de la madrugada para ver los saltos de trampolín o el lanzamiento de pértiga. Y encima las medallas no son de chocolate. Todo accesorio, todo inane, todo buyate.
Él nunca lo haría
Sin embargo, FRANK RIJKAARD –recordad, siempre en mayúsculas- representa la templanza, la clase –como jugador y ahora como entrenador-, el sabuarfer y la excelencia. Nunca agrede verbalmente a nadie y sus ininteligibles palabras solo permiten connotaciones positivas. Aquellos que arremeten contra él están cegados, no rigen, serán castigados y lo saben. El destino solo distingue entre los buenos y los malos, y los buenos estamos de parte de FRANK.
Desde esta tribuna proclamo mi NO a los juegos olímpicos y mi SÍ a FRANK. Aunque no sirva para nada.
Lo único que me gusta de los juegos olímpicos
Cuando alguien engaña a otra persona, puede sentirse aliviado al cabo del tiempo por haber afectado sólo a un individuo. En cambio, cuando el timo es masivo, los remordimientos deberían de aumentar exponencialmente según el espectro de personas engañadas. Nada de eso parece ocurrir en los dos debates que hemos vivido esta última semana. Y digo debates para que los que aún me visitáis –incluso después de pasar cada vez más tiempo entre post y post- entendáis que me refiero al encuentro falso e impostado entre Zapatero y Rajoy, porque debate, lo que sería debate, no existió.
En el fútbol, cuando vas al estadio expectante, pensando que habrá ocasiones, vaivenes, alternativas y un buen espectáculo y encuentras autobuses en el área, juego táctico, ocasiones contadas, goles pírricos y toda la retahíla de tópicos que se precien, te sientes engañado. Como en el debate. El cerocerismo más italiano se impuso a la lógica de la dialéctica.

¡¡Viva el catenaccio!! ¡¡Que debata Rita!!

El génesis del declive
¿El patio del colegio?
Al cabo de unos años, nuevas diatribas aparecen en nuestro camino. ¿Son mejores las ciencias o las letras? Otra vez a decidir, con el agravante de que tomar una senda u otra hará que nuestra vida sea un camino acolchado con pétalos de rosa o un paseo sin calcetines por un campo de cardos borriqueros. Otra vez la dicotomía, otra vez en el brete de decidir. Muchos tomamos el camino letrado, el de la excelencia intelectual –eso pensábamos-, el del cultivo cerebral, la artística mental, la creatividad, la bohemia, absenta, pipa y balancín. Error, one more time. Años después, la selva laboral demuestra qué vale en euros un ingeniero comparado con un periodista. O un arquitecto con un profesor. O un dermatólogo con un sociólogo. Y la lista es interminable. Mientras los años fértiles de la vida de los que optamos por las letras transcurren entre vahos de alcohol y nieblas que capilarizan los ojos y distienden los músculos, los vilipendiados estudiantes de ciencias se encierran en sus libros haciendo caso omiso de las cuchufletas que se prolongan ad eternam. A largo plazo se gira la tortilla y el yunque de la decisión cae por su peso encima de los mileuristas. Eso sí, mileuristas, pero letrados.
Te olvidas de esas decisiones y llega otra de mayor calado, si cabe. ¿Es mejor ser un pelele que alquila un piso y jamás conseguirá tener patrimonio? ¿O es mejor ser un pelele aún mayor que paga una hipoteca y jamás conseguirá tener algo de vida? Los años de estudiantazgo (toma neologismo) pesan y la escasez económica –al haber estudiado letras, imbécil- pesan más aún. Además, alquilar da cierta sensación de juventud, muy bien recibida cuando las canas afloran, la curva de la felicidad es una seña de identidad y hay ecos de paternidad. A lo lejos, pero haberlos… En cambio comprar piso es solemne. Significa llevar la camisa por dentro, calzar zapatos y no deportivas, incluso no salir algún fin de semana, un obstáculo insalvable para muchos. Pero, como os decía, son las decisiones las que marcan nuestra vida.
Cuestión de elección
Mis amigos en plena discusión
Basta fijarse en las pipas. ¿Quién no ha dicho alguna vez “es empezar y no parar”? ¿Qué tiene ese fruto tan pequeño para engancharnos cual droga dura? He llegado a discutir con mis amigos (quien dice amigos dice atajo de ratas almizcleras) sobre la posibilidad de que las tabacaleras estén detrás de la composición de las pipas. La cuestión es que adicción y placer suelen ir también de la mano. Somos adictos pero no tontos y, si comemos 700 pipas/minuto es porqué nos gustan.
La velocidad de consumo aumenta exponencialmente. Primero poco a poco y al poco tiempo ya deformas el espacio-tiempo. Es entonces cuando, en el momento que estás sumido en una vorágine de deglución, inmerso en un estado de coma piposo, mordiendo y quebrando la corteza con tus incisivos con esa técnica que te ha costado años, sudor y lágrimas adquirir, ahí, justo en ese momento es cuando has dado con la pipa podrida. Te das cuenta porqué al crujir la corteza se desprende un polvillo, señal inequívoca de la convulsión que te provocará en segundos. Amigos, ese es uno de los peores sabores que se pueden probar. Muerdes y escupes -al mismo tiempo que blasfemas- como si expulsaras al mismísimo Satanás. Encima, es perenne; bebed agua, cerveza o comed más pipas. Todo en vano. Ese regusto amargo permanece pegado a tus muelas borrando cualquier rastro de placer que pudieras haber conseguido. Lo que las pipas te dan, las pipas te lo quitan.
La pipa podrida acecha

¿Palomitas o cartón?
Por cierto, aprovecho para reclamar la abolición del recipiente pequeño a la voz de ya. Si optamos por éste, cuando suena la musiquita del Movierecord ya no queda nada más que sal en el fondo y por eso nos perdemos todo el proceso troglodita antes relatado. ¡Cubos de cinco quilos ya! Pero que sean de palomitas de verdad porqué lo peor es que en muchos sitios nos estafan y nos dan cartón pintado de blanco en lugar de palomitas. ¿Existe algún cine donde las vendan al menos calientes? Sea como sea, engullimos sin parar. Si durante los tráilers y los treinta primeros segundos de la proyección nos hemos comido el equivalente de nuestro peso en palomitas, la consecuencia gástrica está asegurada. Las próximas horas serán terribles para nuestro intestino, sin embargo, como buenos humanos que somos, la próxima vez que vayamos al cine, caeremos otra vez en la tentación. ¿O no?
No soy un gato, pero doy mal rollo por igual
Una auténtica joya negra
Si mientras saboreamos alguno de estos líquidos suena el Blackened, el Black Album, Black Hole Sun o, aún mejor, Back In Black, el placer negro está asegurado. ¿Qué decís? ¿Os gusta el negro? Seguro que si se trata de dinero, será un sí rotundo.
Situación incómoda (© Abbie Miller)
Lo pueden camuflar con otros nombres, pero todos sabemos quién se esconde ahí detrás...