Sabio como pocos, pena que no tenga barbaMi primer intento me llevó a la cocina de un restaurante. ¿Qué experiencia tiene en cocina?, me preguntaron. Brilla por su ausencia, respondí. Aún conservo una marca en el glúteo izquierdo de la patada que me dieron. Mal inicio. ¿Sería mejor haber adjuntado en el CV una foto de mis archifamosas lentejas con botifarró y sobrasada? ¿O quizá mejor haber mandado una fiambrera con una ración de legumbre a la Joan unas horas antes de presentarme? Pensar a caballo pasado no hacía más que hundirme en la lista del paro.
Luego probé suerte en una peluquería. Mi maravilloso cráneo afeitado no fue una carta de presentación atractiva, pero, al menos, me hicieron una prueba. Si le haces la permanente a esta señora, te contrato de becario, tres meses y quinientos euros al mes, me aseguró la dueña del establecimiento. Una clienta anciana y yo nos miramos por el espejo, a través de una estantería con laca y por el rabillo del ojo. Sonó una música de intriga. Zoom in a los ojos de cada uno. Le puse la típica capa al revés de las peluquerías y noté algo: el tembleque de la revista Lecturas que sostenía la tal sexagenaria señora hacía temer lo peor y así fue. Le hice la permanente, es decir, la sordera permanente. Claro, ella con sus nervios y el parkinson, yo sentándola a la fuerza, el secador que sólo tenía potencia de reactor nuclear y mi poca pericia resultaron en dos orejas, ovación y salí a hombros. La dejé tullida y me fui corriendo de ahí. El otro día la vi en una tienda de disfraces comprándose dos orejas de plástico para tapar las oquedades que el estilismo Joan le había dejado.
Cero de dos. Seguía formando parte de las estadísticas. Fue en ese momento cuando vi la luz. Arranqué el coche, tomé la autopista y me dirigí, sonrisa de oreja a oreja, ojos brillantes y pulso en aumento, hacia el casino más cercano. Mi primera prueba como crupier (sommelier, según un amigo mío) fue más que correcta. Mi educación palaciega y el profundo conocimiento del juego ayudaron al principio, aunque pasado el tiempo no pude resistirme y le hice un re-raise a un jugador siendo yo banca. La infracción me costó la apuesta y salir por la puerta de atrás sin trabajo y sin posibilidad de all-in.
Hoy he esperado a los Reyes a ver si caía esa breva, pero tampoco. Así que a partir de ahora, me dibujaré granos en la cara y borraré cualquier atisbo de “Licenciatura” de mi curriojete para, al menos, presentar mis candidaturas a “Becario de redacción” o “Estudiante en prácticas”.










