17 de mayo de 2008

Evolucionar

En términos evolutivos, vivir más de 40 o 50 años es inútil. Es redundante.

La vejez es sólo un lastre en la cadena de la evolución que se permite a causa del desarrollo cerebral superior del humano en frente del animal. Sólo los lazos afectivos o sentimentales nos unen a unos cuerpos llenos de arrugas, no aptos para la reproducción y, muchas veces, necesitados de cuidados adicionales por parte de otros humanos. Y no empecéis con los comentarios tipo “Tío cafre, estás loco” o “Gerontocida” y demás mierda de grupos proabuelos y octogenariofílicos. Me limito a constatar un hecho, no abogo por la eliminación de los mayores de 50 años. Dicho queda.

- Este señor dice que somos redundantes

- ¿Redún qué? Eso lo serás tú, cerdaco


Si nos fijamos en el mundo animal, (por ejemplo, en los leones) podemos ver como se apartan de la manada –o son apartados por los más jóvenes- cuando su capacidad reproductiva o su fiereza para cazar se ven mermadas por el paso del tiempo.

¡¡¡Cuñaaaaaaaaaaaaaaaaaaaao!!!

El caso es que en la sabana africana no hay IMSERSO ni excursiones de Mundo Sénior. Tampoco tienen un banco que les ofrezca fondos de pensiones leonados o una seguridad social felina en la que cotizar durante su corta vida. Ya no sirven. Los leones son como los productos de un Todo a 100, duran poco.

Por otra parte, en la escala evolutiva nos hemos desplazado de forma descompensada. Nuestro cerebro nos da conciencia de uno mismo, tenemos habilidades manuales superiores y la capacidad de hablar, pero hemos perdido la batalla en la fuerza y la resistencia. ¿Cuánto levanta el hombre más fuerte del mundo? Seguramente entre 200 y 300 kilos. Suponiendo que este hombre pesa como mínimo 100 kilos (eso no son músculos, se comen pelotas de Nivea y luego se las hinchan desde dentro), sólo levantan 3 veces su peso. Una hormiga levanta 50 veces su peso.

¿Qué resistencia tenemos ante temperaturas extremas?

Ninguna.

¿Qué caída podríamos soportar sin rompernos algún hueso?

Poca, seguramente.

¿A qué velocidad podemos correr? ¿A qué longitud podemos saltar?

Es patético compararnos con el reino animal en este campo. Pero tenemos la inteligencia, que nos permite estar por encima y alimentarnos de ellos.


¿Hola tienen bueyes?
Sí, ¿le mato uno?
Gracias, es para hacer caldo

De todas maneras, mirando desde la distancia, no sé si me interesa más saber escribir y razonar o levantar 50 veces mi peso. ¿No es más divertido devorarnos los unos a los otros que borrar e-mails de enlarge your penis?

Es por eso que os animo a volver a los bosques, a los desiertos, a las montañas, a las sabanas africanas y a las selvas asiáticas. Despojaos de vuestros bienes materiales, desnudaos y corred al monte. Que sobreviva el más fuerte. Vaticino que en seis meses más de la mitad de la población mundial habría muerto. Unos por el invierno atroz, otros por la falta de alimentos y los que quedaran, estarían tan débiles que hasta serían devorados por las ardillas. Mucho ojo con las ardillas, amigos. Creo que en ese momento volvería a reinar el equilibrio propio de la naturaleza. A ver quién caza sin armas y en pelotas. Volveríamos a la evolución en estado puro.

Yo, en cambio, habría hecho caso omiso a mis propias recomendaciones y viviría en una mansión lujosa. Me alimentaría a base de conservas y vinos gran reserva. Vestiría bata de seda, culottes de ciclista y manoletinas y pasaría del grito al susurro constantemente. El placer máximo. Uno de mis pocos contratiempos sería no poder compartir con nadie mi vida de asueto y relajo permanente, ni tener a nadie para jugar al Texas Hold'em… pero haber contribuido al bien de la Humanidad lo compensaría. Es lo que tiene la evolución.


Evolución en formato póker


Me ha quedado un post raro, raro, raro.

29 de abril de 2008

Futuro

A pesar de la derrota, a pesar de los cambios -poco afortunados, bajo mi prisma-, hoy más que nunca...


FRANK FOREVER




Limpieza de vestuario y de actitud. FRANK sabrá enderezar el resto.



PS: Sé que es irracional, pero como me jode.
¿Hasta el punto de no cenar?
Sí
¿Hasta el punto de no hablar?
Sí



Pido un minuto de silencio.



Gracias.

28 de abril de 2008

La batalla diaria


Al caer la noche ocular, viajo lentamente, -yo diría que a -4X en lenguaje de reproductor de DVD, es como un zoom in eterno- y me dejo llevar. Es un viaje a veces placentero, a veces estresante, pero siempre amnésico. O casi. Luego, émulo de una croqueta, ruedo hasta topar con la barrera de sonido intermitente. Ahora pasas, ahora no. Veintisiete manotazos al azar consiguen superarla, ábrete, sésamo. Con la visión chinesca y la cara obesa me sumerjo en una catarata que manejo a voluntad. Nada funciona. No hay reacción, sólo encefalograma plano. ¿Quién es el del otro lado? ¿Por qué se mueve igual que yo? Entonces aparecen las tentaciones. Hay un espacio cálido que reclama oscuridad y sosiego. También está el exterior, abrupto y luminoso. ¿Victoria o derrota? La decisión ya está tomada de antemano, siempre lo está. Sin embargo, la inercia –la maldita inercia- hace que me dirija lentamente hacia el exterior. Maldita sea, cada mañana igual. Cada mañana, una derrota.


15 de abril de 2008

Boicot

Llevo un par de minutos sin actualizar el blog pero hay dos temas que ya me corroen por dentro. Los Juegos Olímpicos y Frank Rijkaard. Son aparentemente inconexos pero la relación subyace en lo oculto, en lo sutil, sólo es perceptible para unos elegidos. Y esa relación reside en el concepto de lo necesario y su opuesto, lo accesorio.

Hay que ser gilipollas


Imagino que nadie osará siquiera a aventurar que lo accesorio se asocia a Rijkaard, ¿verdad? No seamos imbéciles, por favor. El ínclito holandés de pelo rizado y ojos ensangrentados representa lo necesario, lo sublime por definición, por antonomasia y porqué sí. Sin embargo, existe una incomprensible corriente contraria a su permanencia en el banquillo azulgrana. Por otra parte, los Juegos Olímpicos (creo que debería de escribirlo en minúscula) simbolizan lo accesorio, justo el antónimo de Frank (creo que debería de escribirlo en mayúscula). Así las cosas, ¿cómo se explica que ambos conceptos –sí, amigos, FRANK es un concepto, es un ente superior, algo que sólo se alcanza a través del éxtasis místico- sean boicoteados? ¿Se puede hablar de FRANK y no tener los pelos de punta? ¿Se puede pensar en los juegos olímpicos y no llorar y tender al suicidio? ¿Se pueden boicotear dos conceptos contrapuestos?


Esto era antes un desierto. Al revés que Atila, lo que pisa FRANK se convierte en hierba verde.

La etimología del boicot nos transporta casi 200 años atrás en el tiempo, cuando se realizó el primer boicot contra el funcionario irlandés Charles Cunningham Boycott (leeos la Wikipedia, no voy a cortarpegar). El tal Boycott debía de ser un cabroncete integral y encima le atacaron con su propio apellido. ¿Y si en lugar de llamarse Boycott se hubiera apellidado López? Ya veo los titulares, “López a los juegos olímpicos de China”. O en el trabajo: “Voy a Lopezear al nuevo”. Me pregunto, ¿quién osaría boicotear (o boicotear o hacer López o Lopezear) los juegos olímpicos si se celebraran en Estados Unidos? por ejemplo. Un país donde las libertades se manipulan y la política exterior somete poblaciones sin despeinarse. En cambio, como los chinos son tan bajitos y tan rarunos, pues a por ellos. A mi plin, que duermo con Pikolín. Boicotear los juegos de China está bien, es bueno, pero no porqué los chinos puteen a los tibetanos, sino porqué hay que suprimirlos.

Los juegos olímpicos son un lastre para la humanidad. Se celebran cada cuatro años, una espera interminable. La ceremonia de apertura es un coñazo sólo apto para ñoños y cursis. España nunca gana nada importante. Y si lo ganara, pues casi igual. Se van a emitir en horarios intempestivos. A ver quién es el listo que se levanta a las cuatro de la madrugada para ver los saltos de trampolín o el lanzamiento de pértiga. Y encima las medallas no son de chocolate. Todo accesorio, todo inane, todo buyate.


Él nunca lo haría

Sin embargo, FRANK RIJKAARD –recordad, siempre en mayúsculas- representa la templanza, la clase –como jugador y ahora como entrenador-, el sabuarfer y la excelencia. Nunca agrede verbalmente a nadie y sus ininteligibles palabras solo permiten connotaciones positivas. Aquellos que arremeten contra él están cegados, no rigen, serán castigados y lo saben. El destino solo distingue entre los buenos y los malos, y los buenos estamos de parte de FRANK.

Desde esta tribuna proclamo mi NO a los juegos olímpicos y mi SÍ a FRANK. Aunque no sirva para nada.



Lo único que me gusta de los juegos olímpicos

4 de marzo de 2008

Engañar


Cuando alguien engaña a otra persona, puede sentirse aliviado al cabo del tiempo por haber afectado sólo a un individuo. En cambio, cuando el timo es masivo, los remordimientos deberían de aumentar exponencialmente según el espectro de personas engañadas. Nada de eso parece ocurrir en los dos debates que hemos vivido esta última semana. Y digo debates para que los que aún me visitáis –incluso después de pasar cada vez más tiempo entre post y post- entendáis que me refiero al encuentro falso e impostado entre Zapatero y Rajoy, porque debate, lo que sería debate, no existió.

En el fútbol, cuando vas al estadio expectante, pensando que habrá ocasiones, vaivenes, alternativas y un buen espectáculo y encuentras autobuses en el área, juego táctico, ocasiones contadas, goles pírricos y toda la retahíla de tópicos que se precien, te sientes engañado. Como en el debate. El cerocerismo más italiano se impuso a la lógica de la dialéctica.


¡¡Viva el catenaccio!! ¡¡Que debata Rita!!


Con la connivencia de las televisiones (y por encima de ellas, la Academia, organizadora del evento), los dos partidos mayoritarios se sentaron a pactar la temperatura, los tipos de planos y los temas y su duración.

¿Se imaginan a Rijkaard y Schuster hablando –pactando- los días previos a un derby?

Frank:
Oye, yo en la primera parte quiero atacar por la banda izquierda.

Bern:
Me parece bien. Yo centraré balones largos.

¡Qué estafa! ¿Cómo vamos a votar si no podemos ver la capacidad de respuesta de los políticos? En estos momentos me acuerdo de Romario. ¿Y si le hubiera mandado un sms a Alkorta?

Romario:
Dentro de un minuto te voy a romper la cintura. Cogeré la pelota y batiré a Buyo. No podrás hacer nada, sólo mirar.

Ahí está el quid de la cuestión. Y a) Lo mismo que te digo una cosa, te digo la otra. Sin previsión, sin pacto previo, sin saber con qué temas te puede atacar tu adversario político, el debate habría sido interesante y no el copia-pega de los discursos del Parlamento. Como en el futbol, donde uno está expectante por ver qué va a pasar, ¿o alguien tiene un pláning del partido con el número de faltas, internadas, chuts, etc? En lugar de debate, lo deberían de haber llamado “Diálogo de besugos 2008”. En lugar de Romario, vimos a Christanval.


Te dije que iría por aquí. ¿La Academia no te ha pasado la estructura del debate?

Además, ¿dónde está la representatividad? ¿O acaso la Liga la juegan sólo Barcelona y Real Madrid? CiU suele rozar el millón de votos e IU lo supera con creces. Pues no estuvieron. Aunque eso tampoco importa demasiado. Para escuchar a cuatro vomitando sus discursos, mejor que sólo fueran dos.


Además, todos los telediarios y programas informativos de las teles y radios han despedazado cada tic, cada gesto, cada detalle insignificante sobre los dos candidatos. Que si ganaría el que mayor entereza demostrase, que si la corbata es importante, que si los brillos, bla, bla, bla. ¿Y qué hay de los contenidos políticos? Si llega Ynestrillas muy bien vestido, no le brilla la frente y se desenvuelve bien delante de las cámaras, ¿lo votamos para presidente? Lo peor de todo, es que la resaca del debate ha inundado cualquier resquicio de los medios de comunicación y las personas y acaba por ser imposible la evasión.


Y, si no, miradme a mí, que, siglos después, gasto tiempo para entrar en el blog y, desgraciadamente, darle más minutos de importancia al debate. Total, como al final se suele votar en contra de un partido y no a favor de otro… pero bueno, ese es un tema para otro post. Nos engañan y nos da igual. Es muy triste.

3 de febrero de 2008

Decidir

Hay trances a los que uno se tiene que enfrentar durante toda la vida, momentos clave donde se decide la personalidad de cada uno, donde se adquiere consciencia del papel que se tiene en la vida. Hay trances terribles, como por ejemplo, las decisiones. Se presentan a todas horas y, sobre todo, cuando uno las rehúye. Todo empieza en EGB, cuando tienes ya que elegir entre jugar a fútbol o a baloncesto con los amigos. No hay que tener muchas luces para distinguir a un pringado en esa época: es un jugador de baloncesto. Basta verlos: niños apocados con cuerpos amorfos, codos gastados y vista mediante lupas de culo de vaso, fruto de horas ininterrumpidas de estudio, a menudo amenizadas con largas horas de navegación por páginas de ocultismo o teoría de la conspiración o por la lectura de revistas como “Más allá” o “PC Trucos”.


El génesis del declive

La decisión ya es clave aún cuando casi no tenemos raciocinio. El fútbol nos lleva a la homogeneidad con los demás, cosa que permite el desarrollo normal del niño o adolescente. En cambio, el baloncesto se convierte en el estigma de unos pocos. ¿Dónde se han visto unas canastas reglamentarias en un patio escolar? Siempre es un aro medio torcido, con cuatro cordones –antaño redes- colgando como si fuera el Madison Square Garden de Chernobil. En cambio las porterías siempre están ahí, como los moais de la isla de Pascua. Impertérritos ante los cambios, sólidos y perennes, guardianes de su valor. Además, ante su ausencia, dos mochilas se pueden erigir como sustitutos absolutamente válidos, un identificador más de grupo, un hecho cohesionador. Sólo uno se da cuenta de sus actos mirando hacia atrás con perspectiva. Dónde antes uno podía ver una canasta, ahora ve fracaso, frustración y herpes. ¿Qué habría pasado de haber jugado dos o tres años de lateral izquierdo en el Athletic Baleares? Quizá nada, seguramente todo.

¿El patio del colegio?

Al cabo de unos años, nuevas diatribas aparecen en nuestro camino. ¿Son mejores las ciencias o las letras? Otra vez a decidir, con el agravante de que tomar una senda u otra hará que nuestra vida sea un camino acolchado con pétalos de rosa o un paseo sin calcetines por un campo de cardos borriqueros. Otra vez la dicotomía, otra vez en el brete de decidir. Muchos tomamos el camino letrado, el de la excelencia intelectual –eso pensábamos-, el del cultivo cerebral, la artística mental, la creatividad, la bohemia, absenta, pipa y balancín. Error, one more time. Años después, la selva laboral demuestra qué vale en euros un ingeniero comparado con un periodista. O un arquitecto con un profesor. O un dermatólogo con un sociólogo. Y la lista es interminable. Mientras los años fértiles de la vida de los que optamos por las letras transcurren entre vahos de alcohol y nieblas que capilarizan los ojos y distienden los músculos, los vilipendiados estudiantes de ciencias se encierran en sus libros haciendo caso omiso de las cuchufletas que se prolongan ad eternam. A largo plazo se gira la tortilla y el yunque de la decisión cae por su peso encima de los mileuristas. Eso sí, mileuristas, pero letrados.

Te olvidas de esas decisiones y llega otra de mayor calado, si cabe. ¿Es mejor ser un pelele que alquila un piso y jamás conseguirá tener patrimonio? ¿O es mejor ser un pelele aún mayor que paga una hipoteca y jamás conseguirá tener algo de vida? Los años de estudiantazgo (toma neologismo) pesan y la escasez económica –al haber estudiado letras, imbécil- pesan más aún. Además, alquilar da cierta sensación de juventud, muy bien recibida cuando las canas afloran, la curva de la felicidad es una seña de identidad y hay ecos de paternidad. A lo lejos, pero haberlos… En cambio comprar piso es solemne. Significa llevar la camisa por dentro, calzar zapatos y no deportivas, incluso no salir algún fin de semana, un obstáculo insalvable para muchos. Pero, como os decía, son las decisiones las que marcan nuestra vida.



Cuestión de elección

Vivas donde vivas, volverás tarde o temprano a elegir. Al fin y al cabo, la mayor de las decisiones que se pueden tomar es ser del Barça o del Madrid. Y no ya por lo deportivo de la elección, sino por lo añadido, por la connotación. Un colorido blaugrana o una austeridad blanca, un pasado de sufrir o una victoria de costumbre, un hermanamiento de trinchera o una visión por encima del hombro, una sang culé o un orgullo vikingo. Cuando Platón hablaba de que todo en el mundo había sido creado a partir de unas esquemas preconcebidos, unos arquetipos o paradigmas, claramente se refirió al Dream Team, que tuvo que aparecer en la realidad, hacerse físico, sólido y presente, para establecer los cánones de qué significa tomar partido por un lado o por el otro. En este caso la elección correcta es bicolor i un clam.

Si has jugado a baloncesto, estudiaste letras, vives de alquiler, y eres del Barça, eres de los míos. O sea, un mierda. Si has decidido todo lo contrario, también podemos ser amigos. Si lo decides así, claro.

14 de diciembre de 2007

Grandes

¿Y ahora qué dirán, eh?

11 de diciembre de 2007

Las tres Pes: placer, pipas y palomitas

Hay momentos vitales magníficos cuyo principal leitmotiv es la comida. Muchos ágapes son comparables al sexo y todos sabemos que al comer chocolate, segregamos ciertas dosis de endorfinas que producen en nuestro cuerpo lo que todos buscamos: placer. Comer, segregar, placer. Ese es el orden. Al fin y al cabo ya lo veis, vivimos bajo el yugo de la química y el sistema endocrino. Es como una especie de esclavitud voluntaria, incentivada en cierto modo. Pero, ¿qué ocurre cuando las expectativas se truncan? ¿Quién osa entorpecer nuestro camino hedonista? ¿Acaso las parcas impiden aleatoriamente el goce personal durante el consumo?

Mis amigos en plena discusión

Basta fijarse en las pipas. ¿Quién no ha dicho alguna vez “es empezar y no parar”? ¿Qué tiene ese fruto tan pequeño para engancharnos cual droga dura? He llegado a discutir con mis amigos (quien dice amigos dice atajo de ratas almizcleras) sobre la posibilidad de que las tabacaleras estén detrás de la composición de las pipas. La cuestión es que adicción y placer suelen ir también de la mano. Somos adictos pero no tontos y, si comemos 700 pipas/minuto es porqué nos gustan.

La velocidad de consumo aumenta exponencialmente. Primero poco a poco y al poco tiempo ya deformas el espacio-tiempo. Es entonces cuando, en el momento que estás sumido en una vorágine de deglución, inmerso en un estado de coma piposo, mordiendo y quebrando la corteza con tus incisivos con esa técnica que te ha costado años, sudor y lágrimas adquirir, ahí, justo en ese momento es cuando has dado con la pipa podrida. Te das cuenta porqué al crujir la corteza se desprende un polvillo, señal inequívoca de la convulsión que te provocará en segundos. Amigos, ese es uno de los peores sabores que se pueden probar. Muerdes y escupes -al mismo tiempo que blasfemas- como si expulsaras al mismísimo Satanás. Encima, es perenne; bebed agua, cerveza o comed más pipas. Todo en vano. Ese regusto amargo permanece pegado a tus muelas borrando cualquier rastro de placer que pudieras haber conseguido. Lo que las pipas te dan, las pipas te lo quitan.



La pipa podrida acecha


Las palomitas son otro caso digno de estudio. Quitando el hecho de que valen tanto o más que la entrada de cine (he visto gente pedir créditos para el cubo grande), son otra fuente de adicción a gran escala con el agravante de nocturnidad (u oscuridad, al menos). No han empezado los tráilers y ya nos hemos zampado un cuarto o más. Muchas veces recapacito y me pongo en plan introspectivo “come de una en una, gañanaco, y cuando empiece la peli aún te quedarán”. Inútil, como siempre. Coges una, coges otra y a la tercera vez, ya tienes la palma de la mano rebosante de palomitas. Te las introduces a presión en la boca ingiriendo sólo un 10%, ya que el resto se reparte entre el suelo, tu regazo y la zona muerta, es decir, la gente que tienes al lado, sean acompañantes o no. Lo bueno es que ellos engullen de la misma forma y el entierro palomitil es recíproco. Si no se comen así, no se comen de ninguna manera.




¿Palomitas o cartón?


Por cierto, aprovecho para reclamar la abolición del recipiente pequeño a la voz de ya. Si optamos por éste, cuando suena la musiquita del Movierecord ya no queda nada más que sal en el fondo y por eso nos perdemos todo el proceso troglodita antes relatado. ¡Cubos de cinco quilos ya! Pero que sean de palomitas de verdad porqué lo peor es que en muchos sitios nos estafan y nos dan cartón pintado de blanco en lugar de palomitas. ¿Existe algún cine donde las vendan al menos calientes? Sea como sea, engullimos sin parar. Si durante los tráilers y los treinta primeros segundos de la proyección nos hemos comido el equivalente de nuestro peso en palomitas, la consecuencia gástrica está asegurada. Las próximas horas serán terribles para nuestro intestino, sin embargo, como buenos humanos que somos, la próxima vez que vayamos al cine, caeremos otra vez en la tentación. ¿O no?

3 de diciembre de 2007

Copiar

¿Por qué los directores se empeñan en plagiar, copiar, repetir i remakear?

Si tenemos una primera versión genial, perturbadora, con unas actuaciones bestiales (léase Ulrich Muhe y Susan Lothar).




¿para qué repetirla? Discrepo, señor Haneke.

28 de noviembre de 2007

Noir

El negro siempre se ha asociado al mal fario, a lo oculto, incluso a lo maligno. Cuando tienes que visitar a los suegros, te asaltan presentimientos negros, al firmar contratos laborales sellas tu futuro negro, hay gente que lo ve negro –lo tuyo con la pelandusca esa que te llevaste a lo oscuro –a lo negro, vamos-, hasta frases hechas del estilo “trabajar como un negro”, con la excepción de Ronaldinho que trabajaría más bien poco pero se le considera la oveja negra.

Un pelo de esos tan rizados aumentado dos millones de veces

Yo, para variar, he llegado para defender el negro, al colectivo negro –y muy especialmente a Tyra Banks- y todo lo que sea oscuro, opaco y, lógicamente, siniestro, empezando por el bar de copas que visito con asiduidad cuyo toldo es negro –y no es coña- y su interior casi que también.

Ya está bien de connotaciones negativas. Y es que estos adjetivos, bajo mi prisma, se convierten en otros como elegante, atractivo o sugerente. Si un gato negro cruza delante de mí por la calle, pues que cruce. En un entierro, ¿por qué se viste la gente de negro? La muerte ya es algo terrible como para encima verse obligado a la monocromía. Si añadimos el factor verano, el luto negro pierde toda su esencia para convertirse en programa de adelgazamiento.

Por otra parte, fijaos que a la hora de vestirse para cualquier otra ocasión que no sea un entierro, el negro es refinado -el esmoquin- y agresivo al mismo tiempo -la chupa de cuero-. Además, combina con casi todos los colores, circunstancia que ayuda por las mañanas cuando la apertura ocular no supera los dos milímetros.


No soy un gato, pero doy mal rollo por igual

Uno de los grandes géneros cinematográficos es el cine negro. Y, si es posible, en blanco y negro, así que negro al cuadrado. Muchas veces, está basado en guiones que beben de la novela negra. Ya lo tenemos al cubo.

En el terreno gastronómico, el negro se asocia a putrefacción y mal estado. Comeos sólo lo negro de una fruta y sabréis de qué hablo. Sin embargo, nada mejor que la oscuridad para un buen café humeante o, sin salir del gusto amargo, un vaso de Fernet Branca. ¿Qué decir de las huevas de pescado o el regaliz? Ya en cotas más altas y bajo el filtro del destilado, la etiqueta negra de Johnnie, el archiconocido Black Label, nos demuestra que negro y excelencia pueden ir cogidos de la mano.

Una auténtica joya negra

Si mientras saboreamos alguno de estos líquidos suena el Blackened, el Black Album, Black Hole Sun o, aún mejor, Back In Black, el placer negro está asegurado. ¿Qué decís? ¿Os gusta el negro? Seguro que si se trata de dinero, será un sí rotundo.

15 de noviembre de 2007

La razón del sueño produce ojeras

Situación incómoda (© Abbie Miller)


Ciertos acontecimientos sólo se producen cuando es de noche. En la oscuridad, todo parece más tenebroso, todo tiende al escalofrío, a los reflejos en los espejos ocultos por un vaho perenne y a las puertas chirriantes. Es en esos momentos de quietud, cuando crees que puedes empezar a relajarte, te sientes bien, incluso cierras los ojos confiado, es ahí cuando ¡ZAS! se desengancha la sábana por la parte de abajo y te asoma el pie captando todo el frío de la habitación y destrozando tu entrada al paraíso de Morfeo. ¿Puede haber sensación más desagradable? Después de haber estado incubando un subclima bajo la manta, con una atmósfera no apta para formas de vida conocidas, todo tu trabajo se desvanece al levantarte para deshacer el entuerto.

El problema es que habías conseguido encontrar la postura perfecta. Esa colocación de cuerpo y extremidades que te permite dejar de moverte como un gorrino en su lodazal, pero que si fuera fotografiada desde un plano cenital desvelaría tu poco sentido del ridículo. ¿Qué sucede con esa torsión de muñeca? ¿Por qué estiras una pierna y encoges la otra? ¿Boca arriba o boca abajo? Ora ocupas tres cuartos de cama, ora aguantas de perfil con un área de apoyo de pocos centímetros. Por suerte, te olvidas del pie asomando al espacio exterior, de tu acrobática y extraña postura, del ronquido de los vecinos, de la moto que pasa por tu calle, de tus quebraderos de cabeza laborales, sentimentales y de autoestima, del ardor estomacal, de la luz de la farola que no permite la oscuridad total en tu habitación y de las incipientes ganas de orinar que te asaltan en ese momento. Por suerte, te olvidas de todo eso y te duermes.


Lo pueden camuflar con otros nombres, pero todos sabemos quién se esconde ahí detrás...


Lo peor es cuando se avecina el amanecer y el cuerpo ha dormido como un tronco, a lo lejos, muy a lo lejos, empieza a sonar el pitido infernal, aumentando de intensidad segundo tras segundo. Pipipipipipipipipi. Pausa. Pipipipipipipipipipi. Pausa. Y entonces es cuando ves que la maldición de snooze te ha atrapado. El efecto snooze está documentado en los ficheros policiales. Es un botón también conocido por los suburbios y el lumpen como “la pausa apócrifa”, “el prolongador ficticio”, “sueños de papel cartón” o “cincominutitosmás”. Sabes que si pulsas ese botón, sólo detienes la agonía cinco minutos a lo sumo, pero lo pulsas igualmente.

En nuestro cerebro, se produce un autoengaño mediante el cual se valoran esos 300 segundos como algo a qué agarrarse como si se tratara de los últimos momentos de vida, es la droga del somnoliento –Pavlov seguro que montaría un experimento con este botón-. Sin embargo, la sabiduría popular indica en sus preceptos que el salto instantáneo al percibir la primera onda de sonido mejora el despertar, en cambio, prolongar la agonía aumenta proporcionalmente el nivel de ojeras y acarrea mal humor matutino. En mi caso, el botón snooze está ya gastado, tengo su marca en mis dedos, caí en la maldición y me perseguirá ad eternam. Suena. Snooze. Cinco minutos de engaño. Suena. Snooze. Cinco minutos…

Después podríamos hablar de las cotorras matinales o los adoradores del mutismo, de desayunar o no hacerlo, de ducharse por la mañana o la noche anterior, pero eso será en otra ocasión.

Felices despertares.

12 de noviembre de 2007

Frases célebres



He visto cosas que no creeríais. He visto adelantar coches por la derecha más allá de la autovía. He visto patatas bravas brillar en la oscuridad cerca del bar de Tanhäuser. Todos esos momentos los vivirás en España con lágrimas en los ojos. Es tiempo de encogorzarse.